Por Fernanda Ortiz Guerra.

Cada día se acerca más el momento de ejercer por tercera vez mi derecho a votar. A pesar de tener 19 años, las dos veces anteriores en las que ejercí mi derecho a sufragio he tenido la necesidad de detenerme a pensar por quién votar. Para tal tarea me ha servido reconocer cosas básicas para descartar entre los candidatos, como por ejemplo a qué sector político pertenecen, ya que desde luego no es lo mismo ser de derecha que ser de izquierda, no es lo mismo haber apoyado a la dictadura que haber luchado en contra de la violencia ejercida por las FFAA, no es lo mismo votar por alguien que defiende fervientemente sus intereses económicos, que votar por alguien que lleva años luchando para que el ser humano se desarrolle íntegra y libremente y sin violencia.

He tenido que vivir situaciones que me han sucedido solo por ser mujer, como la discriminación y la desvalorización en distintos ámbitos de la vida, experiencias que son compartidas por cientos de mujeres violentadas. Esto me ha llevado a la necesidad de incursionar en la política, pero no en cualquier política, sino en aquella que trabaja para terminar con cualquier tipo de discriminación y violencia.

Urge tener representación parlamentaria que tenga dentro de sus objetivos promulgar leyes para poner fin a la violencia que transgrede nuestras libertades y derechos que tenemos todos los seres humanos y que entre estas se contemple no solo la sanción, sino que también la reparación de los daños y la prevención de estas situaciones.

Hoy, Tomas Hirsch, cumple con todos los requisitos que necesito para votar por un candidato. Es de izquierda, ha demostrado en todo su proceso político y social ser coherente con sus principios humanistas, luchó en contra de la violencia durante la dictadura y en favor de los derechos humanos, tuvo la osadía de renunciar a un cargo diplomático estando en la Concertación porque ésta traicionaba a su pueblo. Siempre se la ha jugado para que el ser humano esté por sobre cualquier tipo de interés económico, para que todos podamos desarrollarnos libremente, independiente de los recursos con los que contamos, que todos tengamos la posibilidad de acceder a una educación grauita y de calidad, que las mujeres podamos salir a las calles sin miedo, que el pueblo mapuche sea reconocido constitucionalmente como tal y que se respeten sus derechos y creencias.


Quizás algunos dirán que pienso esto por ser muy joven y quizás sí, es mi derecho a soñar, y voto por Tomás porque a él tampoco se le ha olvidado soñar y nunca ha dejado de luchar por las mismas convicciones de cuando tenía mi edad.

Este 19 de noviembre apoya con tu voto para estar más cerca de cumplir nuestros sueños.

 

  • Fernanda Ortiz es Candidata a CORE (Consejera Regional por el PH) en Santiago VI
Mi Derecho a Votar